Cómo reducir el impacto ecológico del email

Cómo reducir el impacto ecológico del email

La degradación del medio ambiente o el cambio climático son preocupaciones crecientes entre los consumidores. El correo electrónico es una de las herramientas más utilizadas por los negocios. ¿Cómo pueden contribuir autónomos y empresas a hacer un uso más eficiente del email y más respetuoso con la naturaleza?

 Validity, la compañía creadora de la plataforma de email marketing más completa y efectiva del mercado, ha identificado 5 conceptos para entender el impacto medioambiental del correo electrónico y aprender a controlarlo. Una forma de concienciar tanto a los expertos en email marketing como a los usuarios sobre el papel individual de cada persona en este proceso y de qué manera se puede contribuir a la reducción de este impacto ecológico.

En la actualidad, el envío de correos electrónicos personales y profesionales en el planeta llega a ser de aproximadamente entre 8 y 10 miles de millones cada hora, y toda la información que se genera en el día a día es una fuente de emisión de gases de efecto invernadero.

Fusión Pro Autónomos

Hay que tener en cuenta que cada correo electrónico que enviamos genera 20 gramos de CO², lo que significa que una media de 30 mensajes enviados al día equivaldría a la contaminación producida por un coche que hace 1.500 kilómetros al año. En un año, se calcula que un equipo de 100 empleados genera el equivalente a 14 viajes de ida y vuelta entre Paris y Nueva York.

En este contexto, las recomendaciones de Validity son:

La importancia de la calidad de datos

La calidad de las bases de datos es muy importante a la hora de llevar a cabo una campaña de email marketing. Es cierto que desde que se aplica el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) muchas empresas han empezado a adoptar estas buenas prácticas, pero se tiene que seguir trabajando en la concienciación.

En este sentido, Validity recomienda identificar a los suscriptores inactivos. Por ejemplo, aquellos que no han hecho clic o no han abierto emails durante más de 90 días, y limitar el volumen de mensajes que se les envían. Si la inactividad es de larga duración, se puede crear una campaña de re-engagement, para reanudar la relación con el suscriptor.

Además, se aconseja eliminar los correos electrónicos que provoquen Rebote Duro. Eliminando las direcciones que generan errores automáticos se puede maximizar el impacto sin debilitar la reputación de la empresa que envía los mensajes.

La calidad debe priorizarse frente a la cantidad

Muchas veces se comete el error de enviar el mismo mensaje a una base de datos entera con la esperanza de llegar a una amplia audiencia. Sin embargo, esta práctica no solo repercute negativamente en la campaña ya que no todos los mensajes sirven para la misma audiencia, sino que tiene consecuencias en el medio ambiente.

Además de evitar estos envíos masivos, es recomendable hacer una buena segmentación para no enviar mensajes genéricos, que pueden ser percibidos como inútiles por parte de los suscritores. Y, sobre todo, identificar los periodos en los que el envío de correos electrónicos puede ser inútil. Durante la crisis sanitaria, por ejemplo, algunos actores del sector turístico decidieron dejar de enviar campañas para evitar que las bandejas de entrada se fueran saturando.

El culpable no es solo el que envía

Por supuesto, el impacto medioambiental de un email puede parecer a simple vista que solo depende de quién lo envía. Sin embargo, toda la cadena está involucrada.

El reciente informe La face cachée du numérique (La cara oculta del mundo digital) publicado por ADEME (French Environment and Energy Management Agency) analiza todo el camino del email, desde su envío (con o sin imágenes y/o archivos adjuntos, que pueden ser muy pesados), su recepción/procesado/guardado en el centro de datos que lo transmite a la red, su paso por diferentes servidores alrededor del mundo, y su llegada al centro de datos de la ISP del destinatario.

El verdadero impacto de enviar un email se puede entender cuando se tiene en cuenta todos los servidores de los proveedores, el equipamiento de telecomunicaciones y el hecho de que algunos consumidores tienen sus dispositivos conectados 24 horas al día.

Educar a los consumidores y a los equipos de marketing

Muy pocas personas conocen hoy en día cuál es recorrido de un correo electrónico y su impacto medioambiental, y sin embargo somos las propias personas las que estamos detrás del envío de cualquier correo electrónico.

Por ello, es necesario concienciar sobre estas buenas prácticas tanto a consumidores individuales como a los equipos de marketing. En un contexto individual, quién envía el mensaje debería preguntarse si es realmente necesario hacerlo. ¿Es necesario enviar un “Gracias” a un compañero? ¿Tenemos que enviar tantos archivos adjuntos? ¿De verdad tienes que responder poniendo en copia a todos los contactos? Cuando sean empresas las que envíen campañas se deberían hacer estas mismas preguntas, pero a diferente escala. Por lo tanto, es imprescindible que todo el mundo sea consciente de estos problemas para así asegurarnos que se actúa de una manera responsable.

Iniciativas para limitar, pero también para aumentar el envío de emails, ¿por qué esta paradoja?

Aunque enviar un email tiene cierto impacto medioambiental, no debemos olvidar que es mucho menos contaminante que enviar una carta. Si las alternativas a enviar un correo electrónico son más contaminantes, debemos dar prioridad a la opción más responsable para así garantizar un enfoque coherente. Tenemos como ejemplo la iniciativa que están llevando a cabo algunos retails, que están eliminando los tickets de compra en papel. Mandar un mail como alternativa no elimina el impacto ecológico de dar un recibo, pero lo limita mucho. Incluso aunque este enfoque puede aumentar el envío de emails, el impacto de los recibos en papel sigue siendo mucho mayor que mandándolos por correo electrónico.

Por lo tanto, mandar más emails no es siempre mala idea El valor de enviar un email tiene que entenderse bien para así poder motivar el envío de tickets de compra y el frenar los correos electrónicos masivos de mensajes promocionales que generan un engagement muy bajo.

Con estos cinco pilares en mente, consumidores, marcas y otros actores en la cadena, podrán tener una visión más amplia del ecosistema y actuar de una manera responsable. Ninguno de los puntos anteriores debería pasarse por alto a la hora de definir una estrategia completa que involucre a todas las partes interesadas. Mandar menos correos electrónicos es solo parte de la solución.

El impacto medioambiental del correo electrónico también será discutido en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2021 (COP26) en noviembre de este año, donde se tratarán los problemas de la regulación de los impuestos aplicados a las campañas de correo de electrónico. Entre los temas que se discutirán está también el control del spam, un problema global que cuenta con el 85% del volumen total de emails mundiales y suele estar basado en direcciones de correo electrónico que han sido recuperadas mediante ataques.


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